En casos muy pocos frecuentes, la alteración en la humectación de los ojos puede suponer un riesgo para la visión. El principal problema es que las molestias permanentes por la irritación de la superficie ocular (como el dolor y el picor de ojos) pueden causar también un estrés emocional. Y esto necesita un tratamiento.
Además, una alteración en la humectación puede debilitar la resistencia del ojo a otras enfermedades. Esto puede provocar inflamaciones de origen bacteriano o vírico que, en el peor de los casos, pueden causar una úlcera corneal. Si los ojos están permanentemente secos, puede producirse la vascularización de la córnea y provocar cicatrices y opacidades. Los problemas graves se producen cuando los párpados se deforman o si no se cierran por completo, impidiendo la distribución necesaria de la lágrima y provocando que el ojo se seque rápidamente. En este caso es preciso actuar con rapidez porque, de lo contrario, la cornea puede sufrir un daño grave.


